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    June 15

    PEQUEÑO HOMBRECITO I

     


    QUIERO COMPARTIR ESTE LIBRO QUE HOY ME HA SIDO ENVIADO POR CORREO ELECTRICO Y ASI LO HAGO, ES CRUDO, FASCINANTE E INTERESANTE LO QUE PUEDE SUCEDER ON CADA UO DE NOSOTROS SI FLEXIONAMOS SOBRE LOS PEQUEÑOS HOMBRECITOS Y PEQUEÑAS MUJERCITAS QUE SOMOS, PUES SI ALGO PODEMOS CAMBIAR ES AQUELLO DE LO QUE SOMOS RESPONSABLES . . . . . . . . AUNQUE ANTES DEBEMOS AVERIGUAR DE QUE SOMOS RESPONSABLES . . . . . . . . AHI ESTA PARA QUIEN QUIERA LEERLE CON MUCHO CARIÑO. (POR CUESTIONES TECNICAS DEBERE HACERLO EN DIVERSAS ENTRADAS.) CRISTINA


    Escucha, pequeño hombrecito! no es un documento científico sino un documento humano.

    Ha sido redactado en el verano de 1947 por los archivos del Instituto Orgónico y no estaba destinado a publicarse. Es el resultado de tempestades y luchas interiores de un hombre de ciencia y médico que ha observado durante decenios, primeramente como ingenuo espectador, después con asombro y por fin con horror, lo que el hombre de la calle se inflinge a sí mismo, como sufre y se revuelve, como admira a sus enemigos y asesina a sus amigos; como en el mismo momento en el que accede al poder asumiendo la función de representante del pueblo abusa de su poder y actúa peor de lo que antes tuvo que sufrir debido a ciertos sádicos de clases superiores.

    Estas conversaciones dirigidas al «pequeño hombre» son la replica silenciosa al comadreo y la calumnia.


    Hacéis el buen apóstol y os burláis de mi,¿De qué está hecha vuestra política desde que gobernáis el mundo? De puñaladas y masacres. CHARLES DE COSTER Ulenspiegel


    ¡ESCUCHA, PEQUEÑO HOMBRECITO! no es un documento científico sino un documento humano. Fue escrito en el verano de 1945 para los archivos del Instituto Orgonómico y no estaba destinado a publicarse. Es el resultado de las tempestades y luchas internas de un científico y médico natural que ha observado durante decenios -primero como ingenuo espectador, después con asombro y por fin con horror-, lo que el hombre de la calle se inflinge a sí mismo, cómo sufre y se rebela, cómo admira a sus enemigos y asesina a sus amigos; cómo en el mismo momento en que, asumiendo la función de representante del pueblo, accede al poder, lo ejerce con mayor crueldad que la que él mismo sufrió anteriormente por el sadismo de las clases dominantes.

    Estas «charlas» dirigidas al Pequeño Hombrecito fueron una réplica silenciosa al comadreo y la calumnia. Durante décadas, la plaga emocional ha intentado una y otra vez impedir las investigaciones sobre el orgón (y digo bien, impedirlas con calumnias y no probar que fueran desatinadas).

    Ahora bien, de la investigación sobre el orgón dependen en gran parte la vida y la salud del hombre. Esto es lo que justifica la publicación de estas «charlas» a título de documento histórico. Es necesario que el hombre de la calle aprenda lo que pasa en un laboratorio de investigación, que sepa cómo lo ven los ojos de un siquiatra experimentado. Debe tomar contacto con la realidad, pues ésta es la única capaz de contrarrestar su pernicioso anhelo de autoridad. Debe darse cuenta de la responsabilidad que asume cuando trabaja, ama, odia o se entrega al cotilleo. Debe saber cómo se puede convertir en fascista, ya sea de la variedad roja o negra. Es imprescindible que quien luche por la salvaguardia de la vida y por la protección de nuestros hijos (que son nuestra única esperanza) debe ser tan adversario del fascista rojo como del negro. No porque el fascismo rojo, como anteriormente el fascismo negro, tenga una ideología asesina, sino porque de niños sanos y llenos de vida hace lisiados, robots, idiotas morales; porque para él, el Estado está antes que el derecho, la mentira antes que la verdad, la guerra antes que la vida. Existe algo a lo que tanto el educador como el médico deben estricta lealtad: el impulso vital en el niño y en el enfermo. Si se atienen a esta lealtad, los grandes problemas de «política exterior» encontrarían también una fácil solución.

    Estas «charlas» no tienen la pretensión de servir de esquema existencial a nadie. Relatan las tempestades de la vida emocional de un individuo productivo y feliz. No se proponen convencer o convertir. Describen una experiencia, lo mismo que el pintor describe una tempestad. El lector no está obligado a demostrar entusiasmo. Puede leerlas o dejarlas. No contienen intenciones proselitistas ni programa alguno. Simplemente reclaman para el investigador y pensador el derecho a tener reacciones personales (derecho que no se niega ni al poeta ni al filósofo). Es una protesta contra la oculta y no reconocida pretensión de la plaga emocional de disparar flechas envenenadas al investigador inclinado sobre su trabajo, desde un lugar bien emboscado y. protegido. Revelan la naturaleza de la plaga emocional, sus formas de actuar y frenar todo progreso. Proclaman la confianza en los inmensos tesoros inexplorados que se esconden en el fondo de la «naturaleza humana» y que están prestos para colmar las esperanzas de los hombres.

    Lo vital, en sus relaciones sociales y humanas, es ingenuo y amable, y precisamente por eso está amenazado en las actuales condiciones. Parte de la idea de que el compañero observa las leyes de la vida, es amable, servicial y generoso. El individuo amable se imagina que todo el mundo es amable y actúa en consecuencia. El apestado cree que todos los hombres mienten, engañan, traicionan y codician el poder. Por lo tanto, mientras exista la plaga emocional, la actitud fundamentalmente natural del niño sano o la del hombre primitivo, constituye el mayor peligro para la lucha por un orden de vida verdaderamente racional, ya que el individuo apestado también atribuye a sus semejantes rasgos de su propia manera de pensar y actuar. No hace falta decir que en estas condiciones lo vital queda en desventaja y amenazado. Cuando el individuo se muestra generoso con el apestado, éste lo exprime y luego lo desprecia y traiciona; cuando actúa confiadamente, es engañado.

    Siempre fue así. Ya es hora de que la vida se endurezca allí donde la dureza es indispensable en la lucha por su propia defensa y desarrollo; obrando así, no perderá su bondad, a condición de tener el coraje de permanecer veraz. Lo que alimenta nuestra esperanza es el hecho de encontrar entre millones de individuos activos y honestos, solamente un puñado de apestados que provocan desgracias sin nombre apelando a los impulsos oscuros y peligrosos del individuo acorazado, encuadrado en la masa y al que empujan al asesinato político organizado. Sólo existe un remedio contra los gérmenes de la plaga emocional en el individuo encuadrado en la masa: su propia percepción de la vida misma. Lo vital no pide poder, sino la posibilidad de jugar su propio papel en la vida humana. Esta se fundamenta en tres pilares que se llaman: amor, trabajo y conocimiento.

    Aquel que tiene que proteger a lo vital contra los atentados de la plaga emocional, debe aprender a servirse, para el bien, del derecho a la libertad de expresión que gozamos en los Estados Unidos, así como la plaga emocional lo utiliza para el mal. Cuando la libertad de expresión esté asegurada para todos, el orden racional acabará por imponerse. Y esta esperanza no es despreciable.(*)

    (*) Recordemos que en 1945 (fecha en que W. R. escribió este libro) EE.UU. para los europeos era la panacea de la libertad. Y Reich, expulsado de varios países de Europa, al poder residir en los EE.UU., al poder publicar sus libros, y dar clase en la Universidad, se dejó también contagiar por este espejismo. Pero practicamente vivirá él mismo su equivocación.

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