Cristina's profileLuz de LunaPhotosBlogListsMore Tools Help

Blog


    September 12

    PEQUEÑ HOMBRECITO IV

     


    Así habla el Pequeño Hombrecito que hay en mi y que tiene miedo de ti Pequeño Hombrecito. Durante mucho tiempo estuve en estrecho contacto contigo porque conocía tu vida por mi propia experiencia y quería ayudarte. Mantuve este contacto porque me daba cuenta que te ayudaba efectivamente y que tú reclamabas mi ayuda, a menudo derramando lágrimas. Poco a poco entendí que aceptabas mi ayuda, pero que eras incapaz de defenderla. Te defendí y llevé a cabo duros combates en tu lugar. Luego llegaron tus führers que destruyeron mi obra. No decías una palabra y los seguías. Ahora mantengo el contacto contigo para ver como podría ayudarte sin perecer convirtiéndome, ya en tu Führer, ya en tu víctima. El Pequeño Hombrecito que hay en mí, querría persuadirte, «salvarte» y querría ser mirado por ti con esa misma veneración que sientes por las «matemáticas superiores», porque no tienes la menor idea sobre lo que tratan.

    Cuanto menos comprendes más dispuesto estás a venerar. Conoces mejor a Hitler que a Nietzsche, a Napoleón que a Pestalozzi. Un rey tiene más importancia para ti que Sigmund Freud. Al Pequeño Hombrecito que hay en mí le gustaría conquistarte con los mismos métodos que emplean tus führers. Te tengo miedo cuando es el Pequeño Hombrecito que hay en mí quien quiere «conducirte hacia la libertad». Podrías identificarte conmigo y yo contigo. Asustarte y matarte en mi. Por eso no estoy dispuesto a morir por tu libertad de ser esclavo de no importa quién. Sé que no puedes entender lo que acabo de decir: «Libertad de ser esclavo de no importa quién»; admito que no es una cuestión sencilla.

    Para no seguir siendo esclavo de un único amo y convertirse en. el de no importa quién primero es necesario eliminar a este opresor individual, digamos el zar. Sin embargo, no se podía ejecutar este asesinato político sin grandes ideales de libertad, sin móviles revolucionarios.

    Se funda entonces un partido revolucionario de liberación bajo la dirección de un hombre realmente grande, digamos Jesús, Marx, Lincoln o Lenin. El verdadero gran hombre se toma muy en serio tu libertad. Para instaurarla en la práctica necesita rodearse de muchos pequeños hombres, de ayudantes y aventureros ya que él no puede acometer solo esta obra gigantesca.

    Por otra parte, no le comprenderías y lo dejarías caer si no se hubiera rodeado de pequeños grandes hombres. Rodeado de éstos, conquista el poder para ti, o un trozo de verdad, o una fe nueva y mejor. Escribe evangelios, manifiestos de libertad, etc., y cuenta con tu ayuda y seriedad. Te arranca de tu ciénaga social. Para mantener juntos a tantos pequeños grandes hombres, para no perder tu confianza, el verdadero gran hombre debe sacrificar poco a poco su grandeza que sólo era capaz de salvaguardar en la más absoluta soledad espiritual, lejos de ti y de tu ruidosa existencia -y sin embargo en estrecho contacto con tu vida-. Para poder conducirte debe aceptar que lo transformes en un Dios inaccesible. No le tendrías confianza si continuara siendo el hombre sencillo que era, el hombre que puede amar a una mujer sin necesidad de un certificado de matrimonio. En este sentido únicamente tú eres el que creas a tú nuevo amo.

    Promovido al papel de «nuevo amo», el gran hombre pierde su grandeza, pues su grandeza se basaba en su honradez, sencillez, valor, y en un contacto real con la vida. Estos pequeños grandes hombres cuya grandeza se deriva del gran hombre, acaparan altos cargos de las finanzas, la diplomacia, el gobierno, las ciencias y las artes, y tú permaneces donde estabas: en la ciénaga. Continúas vestido andrajosamente por un «futuro socialista» o un «Tercer Reich».

    Sigues viviendo en casas sucias con techos de paja y paredes de estiércol. Pero estás orgulloso de tu palacio de cultura. Te conformas con la ilusión de gobernar hasta la próxima guerra y la caída de los nuevos amos.

    En naciones distantes, pequeños hombres han estudiado concienzudamente tu desesperación por ser el esclavo de no importa quién y así han aprendido cómo se puede llegar a ser un pequeño gran hombrecito con muy poco esfuerzo intelectual. Estos pequeños grandes hombrecitos provienen de tu medio ambiente, y no de palacios y mansiones. Han padecido hambre y sufrido como tú. Acortaron el proceso de cambiar de amos. Han aprendido que cien años de duro trabajo intelectual por tu libertad, de sacrificio personal por tu felicidad, e incluso el dar la propia vida, era un precio demasiado alto para tu nueva esclavitud. Lo que los grandes pensadores de la libertad habían elaborado y sufrido en un siglo podía ser destruido en menos de cinco años. Entonces estos pequeños hombrecitos de tu medio ambiente -acortan el proceso: lo hacen más abierta y brutalmente. Incluso te explican de diversas formas que tú y tu vida, tu familia y tus hijos, no valéis nada, que eres estúpido y servicial que se puede hacer contigo lo que uno quiera. No te prometen libertad personal, sino libertad nacional. No te aseguran una autoconfianza humana sino respeto por el Estado; no una grandeza personal, sino una grandeza nacional. Y los aclamas calurosamente porque para ti la «libertad personal» y la «grandeza humana» no son sino conceptos vagos, mientras que la «libertad nacional» y los «intereses del Estado» te hacen la boca agua como un hueso para un perro. Ninguno de estos hombres paga el precio de la libertad genuina como hicieron Jesús, Giordano Bruno, Carlos Marx o Lincoln. No te aman, te desprecian porque tú mismo te desprecias, Pequeño Hombrecito. Te conocen muy bien, mucho mejor que lo que te puedan conocer los Rockefeller o los Tóries. Conocen tus peores debilidades de una forma en que sólo tú deberías conocerlas. Te han sacrificado a un símbolo y los conduces al poder sobre ti mismo. Tus amos han sido elevados por ti y sólo por ti, y son alimentados por ti, a pesar del hecho -o mejor, debido al hecho- de que han dejado caer todas las máscaras. Por supuesto, te dicen de muchas maneras: «tú eres un ser inferior sin responsabilidad, y tienes que recordarlo». Y los llamas «salvadores», «Nuevos Liberadores», y los aclamas «Heil, Heil» y «Viva, Viva»!

    Es por todo esto que te tengo miedo, Pequeño Hombrecito, un miedo mortal. Porque de tí depende el destino de la humanidad. Te tengo miedo porque no hay nada de lo que huyas más que de tí mismo. Estás enfermo, ¡muy enfermo!, Pequeño Hombrecito. No es culpa tuya. Pero es tuya la responsabilidad de curarte. Desde hace tiempo te habrías liberado de tus opresores si no hubieras tolerado la opresión y no la hubieras apoyado tan activamente. Ninguna fuerza policial del mundo sería suficientemente poderosa para suprimirte si tuvieras sólo un ápice de autorespeto en la práctica diaria de vivir, si supieras profundamente, que sin ti la vida no duraría ni una hora. ¿Te contó esto tu «liberador»? No. Te llamó «Proletariado del mundo», pero no te contó que tú, y solamente tú, eres responsable de tu vida (en lugar de ser responsable del «honor de la madre patria»).

    Debes comprender que hiciste de tus pequeños hombres tus propios opresores, y que hiciste mártires de tus hombres auténticamente grandes; que los crucificaste y asesinaste y les dejaste morir de hambre; que ni siquiera tuviste un pensamiento para ellos y su trabajo por tí; que no tienes idea de a quién debes las plenitudes, cualesquiera que sean, que existen en tu vida.

    Dices, «Antes de creerte quiero conocer tu filosofía de la vida.» Cuando oigas mi filosofía de la vida, te irás corriendo a tu juez municipal, o al «Comité contra las actividades-antiamericanas», o al FBI, al GPU, o a la «Prensa Amarilla», o al Ku-Klux-Klan o a los «Líderes de los Proletarios del Mundo», o, por último, sencillamente echarás a correr.

    No soy Rojo ni Negro ni Blanco ni Amarillo.

    No soy Cristiano ni Judío ni Mahometano, ni Mormón, ni Poligamio, ni Homosexual, ni Anarquista ni Boxer.

    Abrazo a mi mujer porque la amo y la deseo y no porque tenga un certificado de matrimonio o porque esté sexualmente hambriento.

     

    Comments

    Please wait...
    Sorry, the comment you entered is too long. Please shorten it.
    You didn't enter anything. Please try again.
    Sorry, we can't add your comment right now. Please try again later.
    To add a comment, you need permission from your parent. Ask for permission
    Your parent has turned off comments.
    Sorry, we can't delete your comment right now. Please try again later.
    You've exceeded the maximum number of comments that can be left in one day. Please try again in 24 hours.
    Your account has had the ability to leave comments disabled because our systems indicate that you may be spamming other users. If you believe that your account has been disabled in error please contact Windows Live support.
    Complete the security check below to finish leaving your comment.
    The characters you type in the security check must match the characters in the picture or audio.

    To add a comment, sign in with your Windows Live ID (if you use Hotmail, Messenger, or Xbox LIVE, you have a Windows Live ID). Sign in


    Don't have a Windows Live ID? Sign up

    Trackbacks

    The trackback URL for this entry is:
    http://cristinamunte.spaces.live.com/blog/cns!C34637BE145D78E7!404.trak
    Weblogs that reference this entry
    • None